El maravilloso mundo virtual

Cómo han cambiado las cosas desde que Bill Gates tuvo la genial idea de crear un entorno operativo tan fácil de usar como Windows. Desde aquella aburrida programación con MS-2 sólo para entendidos, hasta poder comunicarse de una forma tan realista que parece que nuestro interlocutor estuviera ahí, tomando un café con nosotros o presentándonos a un nuevo miembro de la familia que ha nacido a cientos de kilómetros de distancia. A través de la video-llamada podemos mirarnos a los ojos, sonreír a nuestros seres queridos, sentir un poco más cerca a aquellos a quienes echamos de menos.

En las redes sociales compartimos nuestro día a día, nuestros ideales, nuestros momentos felices. Los momentos desdichados se muestran pero con menos profusión porque eso no interesa. Nos interesa mostrar aquello que nos hace grandes, que nos permita ser lo que queramos ser. Es fácil manipular la percepción de nuestros seguidores cuando no compartes con ellos un entorno físico, o lo haces en momentos tan puntuales que es imposible que conozcan el lado oscuro de nuestra vida. Sólo nuestro entorno más cercano conoce esa parte de nosotros y a veces ni siquiera eso. Vivimos en un estado de vidas paralelas, de una proyección de alguien que parece ser nosotros sin serlo o serlo sólo en parte.

El problema viene cuando vuelves a casa, cuando sales de ese mundo cibernético y la realidad cae por su propio peso. Ahí eres tú contra la cara mala de la vida, tú mordiendo el polvo, tragando bilis, respirando hondo para serenar la mirada y no dañar a otros. Es el mundo real y en él sobran las imágenes, las palabras adornadas y las canciones bonitas. Es la vida transcurriendo lenta y monótona, como el tintineo de un grifo mal cerrado, la responsabilidad, el hacerse cargo de tus actos, pero también el vivir con intensidad todo lo bueno que nos aporta.

En el mundo virtual podemos borrar un blog o una entrada del mismo, eliminar una cuenta de facebook o twitter cuando un alter ego ya no nos sirve.De un plumazo borramos los fantasmas del pasado, como si con ese acto pudiéramos borrar de la memoria una parte de nuestra vida que un día sentimos (y que quizás vivimos) tan nuestra.

Comentarios